domingo, 4 de agosto de 2024

Algunas ideas a partir de Jujutsu Kaisen 256

 

Hoy en día no vivo en la ciudad en que nací y tampoco en la que crecí, siempre he creído que Gege es una mujer, no creo que sea importante su género ni su sexo, pero igual lo creo.

Cuando viajo a la ciudad donde crecí, suelo verla con mucha nostalgia, aunque voy cada 3 meses, no me deja de sorprender lo poco atado que me siento a ella. Conozco sus calles, sus rutas, sus ruidos, y puedo reconocer la hora del día a partir de la intensidad del sol. Conozco el ritmo de su lluvia y la cara de los habitantes, los visitantes, los foráneos y los perdidos. La conozco pero no me dejo de sentir un extraño en ella, ¿siempre fue así? No lo sé, pero cuando viajo a ella, así lo siento.

El 265 es uno de los mejores capítulos de Jujutsu que ha dibujado y escrito Gege, se siente el trabajo de semanas y quizás meses en él, lo sentí como un capítulo de One Piece antes de iniciar la parte final de un arco, cuando se nota que a Oda nunca le importó la pelea previa o siguiente, sólo quería hacer rellenos para poder llegar a ese momento y que el lector entendiera la importancia de lo que estaba leyendo, así como para él era importante decir lo que estaba dibujado.

No voy a hacer análisis de lo que quiere decir para la historia ese capítulo, ni siquiera los recursos literarios o gráficos que usa, quisiera hablar de la nostalgia de ir a aquel lugar del que vienes y saber que ya no perteneces a él.

En la sociología, cuando hablan de los Estados y las naciones, se ocupan siempre de delimitar geográficamente los territorios, como si unas líneas, un nombre, una localización fuera lo que determina en gran parte, lo que son, hacen y sienten las personas que habitan espacios.

A diferencia de los colombianos que viven en otros lugares y al regresar son más patriotas que nunca, a diferencia de los que ven una bandera y se enorgullecen, soy una persona que no se siente parte de los lugares de los que partió, pero tampoco de los que habita. No soy de esta ciudad, pero tampoco del lugar donde nací, al cual no he regresado en una década y creo que no regresaré a menos que muera alguien, cuando leí esa parte la sentí propia.

No le pertenezco a Ciudad Solar aunque mis memorias de ahí pueden llenar un tour completo, recuerdo el ir a cazar azulejos con Washington, acariciar vacas y cabras de fincas al lado del río, de ver lanchas pasar a toda velocidad, el color del río, el olor del aire, el sol entrando por las hojas de los árboles con más de 500 años, recuerdo el sabor del beso de la primera persona que besé y la respiración de la última. Recuerdo los regalos no pedidos, los abrazos negados y las miradas nunca encontradas, las peleas ganadas y las muchas perdidas, los regaños, las faltas cometidas y las huidas, los encuentros no pedidos y los hallazgos solicitados.

Cuando vuelvo a aquel lugar, recuerdo la vida que tuve y la que no viví.

El dominio de Itadori es hermoso, tiene tanto sentido con su historia personal, y su crecimiento no como personaje, sino como persona viva. Su creencia sobre que no tenemos un rol que cumplir, que no somos herramientas de la existencia, que nuestras experiencias y creencias y vivencias son más importantes y significativas que los roles o imposiciones que otros nos establecen, es muy hermoso. Me gustaría creerlo también.

Mientras escribo esto, pienso en mis viajes por tierra a media noche, en lo que sentía al ver estos poblados en medio de las carreteras con sus calles vacías, una que otra persona caminando y la mayoría durmiendo, por alguna razón, cuando vivo eso, siento que pertenezco a ellos, a los que duermes y no saben que existo, a los que están en una esquina hablando de sus vidas, a los que tienen puestos 24 horas al lado de la carretera, a las cajeras de los peajes y a los otros que están viajando, conmigo, sin mí. Siento que a ellos pertenezco.

miércoles, 19 de agosto de 2015

Sueño de una noche de verano

Sucedió en una noche de verano, las ciudades estaban cubiertas de los vapores restantes del día soleado, en los noticieros hablaban de grados centígrados que se sentían en la piel, en los pies al pisar el asfalto, en las espaldas estáticas que sudaban.
Esa noche, luego de un par de frustraciones, decidí dormir. El primer sueño, era con una negra amante de hace algunos años, tenía el pelo azabache como ya no lo tiene, se envolvía en mis manos sus crespos que con el tiempo, ella, bajo su propia voluntad, ha ido asesinando. Caminamos por un sendero color ocre, con árboles color tierra que bailaban al ritmo de un viento que nunca llegó a nosotros.
Desperté.
El segundo sueño, era de un hombre similar a mí, con un padre similar al mío, con los mismos problemas de abandono, falta de afecto y odio escondido que alguna vez, algún psiquiatra me dijo que yo tenía con mi padre. Quise huir del sueño y me topé con unos minutos más adelante,  el hombre parecido a mi padre, se comportaba  distante, egoísta, como quién se guarda para sí mismo el puñal enterrado en su corazón, negándose a sanar, negándose a vivir.
Mis manos se llenaron de ira, iba contra él con toda mi fuerza y dejaba de ser ese hombre similar a mí, me convertía en un adulto, lleno de fuerza y resentimientos por el otro. Mis frustraciones, mis amores, mis odios, todos los cargaba en mis manos que apretaban el cuello de aquel padre distante. Él, sonreía, yo, lloraba. El llanto fue tanto que terminaba por patearlo en los testículos, él, sonreía mientras mi cuerpo se retorcía de dolor como quién acaba de ser golpeado en sus partes nobles. Algo en el viento susurraba palabras de muerte, mis manos se llenaron de sudor mis ojos de lágrimas, o quizás de sudor, en los días de verano en Ciudad Solar, los ojos por ahorro, sueltan gotas de sudor y usan las lágrimas para hidratar el corazón.
Desperté.
Busqué a alguien con quién hablar en Whatsapp, no encontré a nadie despierto a las 3:36 de la mañana. Me senté en la cama, con el cuerpo lleno de sudor, me puse a llorar.

miércoles, 29 de julio de 2015

La teoría de los Hidrantes.



Hace un tiempo, tuve un amigo con quién duré varías noches discutiendo sobre el amor, claro, con él, Nietzsche y Jung. Noches llenas de Clonazepam y Whisky.

Un día, mientras caminábamos por Ciudad Solar, ocurrió que nos topamos con un hidrante y como ya era costumbre, iniciamos nuestras cavilaciones de jóvenes tontos, adictos a los medicamentos y al licor.

Hablábamos que nunca, ni él ni yo, encontramos un hidrante junto a otro igual. Era como si aquel elemento de la naturaleza urbana, estuviera destinado a estar solo. Claro, hemos visto puentes uno junto al otro como hermanos gemelos, postes de energía unidos, inclusive, en cierto momento de construcción de la ciudad, vimos carreteras una, junto a otra, esperando a ser unidas por el concreto. Pero nunca un hidrante. 

Esos seres que dan agua al quemado, al niño aburrido en el verano (siempre es verano en Ciudad Solar), que están ahí para los perros con urgencias y como apoyo para el caminante cansado. El hidrante, nunca está con otro hidrante, es la soledad hecha materia en la ciudad. 

Por un momento nos dio gracia nuestra cavilación, luego, después de unos minutos de silencio bajo las calles llenas de sol, descubrimos que estábamos solos, tanto él como yo. Dos seres propios de esa ciudad ardiente, sin nada ni nadie que nos acompañara, sentimos la tristeza que en las noches, debe sentir el hidrante, porque él como todos nosotros, también se siente solo y triste en las noches.

miércoles, 22 de julio de 2015

Historias de Perros tristes I

La alarma le sonaba todos los días a las 3 de la mañana, se levantaba, tomaba una cerveza sin alcohol, se duchaba y a las 4, después de desayunar arepa donde doña Sonia, la señora que vendía afuera del control de buses, se subía a la 437, el bus de la Ermita que había manejado en los últimos 15 años. 
Esa primera parte del día, que iba desde la hora opuesta en la que Jesucristo, el mismo que estaba representado en una silueta negra en la ventada detrás de la silla del chófer había muerto, se repetía día tras día, todos los días. Sin descanso, desde hace 6 meses. Sí, era el primero en llegar al trabajo y el último en irse, casi como si el bus donde habitaba gran parte del día, fuera su hogar, como si evitara ese lugar con puertas y ventanas y sillas y cocina, por éste, un armatoste móvil que le daba la pequeña sensación, de que aún, no estaba solo.
Ninguna acción, por más llena de inocencia que aparezca, está sin un propósito. Los perros somos seres calculadores, fríos a la hora de ejercer las acciones, y nuestro chófer de bus diario, huía de su casa por culpa de una mujer, quién en el tiempo que estuvo con él, lo convirtió todo es una razón para respirar; desde la cama, que ahora es helada, hasta el sonido de sus pies al caminar desde la cocina hasta el sofá, dónde ella disfrutaba desnuda todas las madrugadas, el despertar de nuestro perro conductor.
El día 10, del mes 6 del presente año, mientras se levantaba de madrugada, sus ojos sollozaron por un instante, se levantó de la cama y no logró pasar de la cocina, había soñado con ella; con ella cocinando, con ella cantando, con ella llorando, con ella riendo, con ella pidiéndole amor, con ella caminando desesperada por sus ausencias, con ella bailando, con ella tocando su rostro, con ella gimiendo, con ella corriendo, con ella en silencio , con ella...
Se arrodillo en la cocina, el olor al amanecer inundó la casa y descubrió que ella y el amanecer olían igual. Volvió a la cama y por primera vez en 15 años, no pudo salir a vivir sin ella.

miércoles, 20 de mayo de 2015

Confesiones de chat a media noche

Quiero enamorarme. 

Sólo eso quiero. Quiero ser como todos los idiotas del mundo, no sólo que me amen porque eso siempre ha estado ahí, siempre alguien dice que me ama. Y es triste, porque yo no amo. 

Y he confundido necesidad con amor, euforia con amor, orgasmos con amor, presencia con amor.

Sólo quiero dejar de pensar en alguien que ya murió como mi único amor.
Sé que soy de fácil amar, casi todas terminan amándome. 
Pero yo no amo y es triste.

Sólo eso quiero.

lunes, 11 de mayo de 2015

Lo mismo que yo

Dime que sientes lo mismo que yo.

Que piensas en mí todos los días, que te sueñas besándome mientras te acaricias la entrepierna, que hablas a todos de mí de tal forma que nadie sepa nada de lo nuestro. Dime que mientes para verme feliz como yo lo hago por ti. Dime que ignoras tus momentos tristes cuando estás a mi lado con tal de hacer más ameno nuestros cortos momentos. 

Dime que pronuncias mi nombre mientras besas. Dime que cuando besas a alguien más piensas en mí, por que yo sí lo hago. Dime que me buscas en los labios de otros, aunque sepas dónde encontrarme, dime que aunque está bien sentirnos en este sentimiento torpe que se cuela con la respiración justo antes de tocarnos, necesitas de otros sentimientos, de otras respiraciones.

Dime que no me eres fiel, que piensas en otros, que deseas a otros, pero con la excepción que no sueñas con otros. Dime que me eres leal aún mientras duermes en cama con otros. Dime que el sexo no importa cuando hay sensaciones más fuertes que el orgasmo. 

Dime que no te irás de mí, aunque yo no vaya contigo. Que serás capaz de decirle amor a otros cuerpos, a otras voces, a otras vergas, sin dejar de pensarme y recordarme. 

Dime que me niegas lo que siempre he querido y me ofreces lo que nunca he deseado.

Dime que me dejarías ir, aunque te destrozara, con tal de no ver una lágrima en mis ojos. Dime que me amas, aunque ese amor signifique vernos completamente destruidos.

Que me amas, tal como yo lo hago contigo.

domingo, 10 de mayo de 2015

Después de las 2:00 AM no sucede nada bueno.

Son más de las 2 AM y nada ha pasado, ni bueno ni malo. 

Sus nalgas no se bambolean sobre mi cuerpo, su piel no sudó al ritmo de los tambores caribeños ni su pelo se mojó por el roce de nuestras manos. 

Son más de las dos de la mañana y truena, aunque nada ha pasado. 

Quisiera que algo pasara, bueno o malo, no importa. Siempre y cuando tenga de por medio, tus ojos que hoy tanto extraño.

Son más de las 2:00 AM y algo malo ha pasado; estás ausente de mí.