viernes, 21 de noviembre de 2014

Noviembre IV

Ella era de esas mujeres que se enamoraba todo el tiempo de alguna persona, normalmente la persona equivocada, aunque esa fuera la conclusión a la que llegaba  con las lágrimas, las peleas, los golpes, el hambre, el sexo y el sudor que el tiempo le daba. Claro que no siempre escogió mal a sus parejas, de vez en cuando seleccionaba uno de esos candidatos que eran leales, fieles, obedientes, cariñosos y todas esas cosas que las personas normales creen desear en su pareja; pero con el tiempo se aburría de ellos o sólo salía huyendo de una vida amorosa placentera sin ningún tipo de inconveniente, qué les puedo decir, era una chica que disfrutaba de los problemas.

La conocí el primer día en mi nueva casa, tenía unos 3 años y ella 5, no eramos vecinos, su padre era amigo del mío y al parecer disfrutaban con la idea de que sus dos primogénitos se acercaran. Por su puesto que nunca estuvimos juntos, nuestra complicidad no nos permitía enamorarnos. Disfrutamos cada día juntos, cada salida a jugar cualquier juego de la calle y con el tiempo los juegos de vídeo que nos privaba de los indolentes días soleados.

Ella fue una hermana más para mi vida, muchas veces llegamos a pensar lo mismo sobre las mismas cosas y por momentos en ciertas noches no nos sentíamos solos.

Después llegaron los muertos.

Las noches en vela por culpa de las noticias de muerte que aguardaban en el timbre de los teléfonos, las amenazas constantes, los policías que nos llevaban de la escuela a la casa, la compra de vídeo juegos para que no quisiéramos salir a la calle, las nanas con pinta de militares que nos cuidaban en las noches. De pronto entre los miedos de los adultos que nos pasaban por las sonrisas nerviosas luego de colgar cada llamada, surgió lo inesperado: Ella enfermó y no de una forma genérica, su singularidad en la forma de ver la vida se manifestó en sus necesidades corporales.

Dañó su cuerpo por culpa de una enfermedad que para todos es llamativa, pero que en el fondo sólo los que la han conocido podemos decir que es peor que cualquier cáncer. Me incluyo en ese grupo porque yo fui quién estuvo con Ella en las noches de insomnio mientras atada de manos intentaba concentrarse en no lastimar su cuerpo, estuve presente cuando el médico explicaba con eufemismos algo muy sencillo; que su cuerpo no podía controlar las hormonas, que no era una persona normal. 

Esos días fueron de llanto, de tristeza. El miedo a lo muerto fue superado por el miedo a una vida sin control, a un cuerpo que la superaba para abrirse caminos tan peligrosos y desconocidos como la muerte misma. Llegó el descontrol y sólo un grupo muy pequeño lográbamos entrar en su mundo desbordado. Las noches buscándola por las calles de los barrios más peligrosos de Ciudad Solar eran constantes. Ella encontró en las drogas el control que en la sobriedad no poseía, los medicamentos no ayudaban y como ya les dije, cada vez que intentó estar con alguien todo terminaba mal para Ella.

Después llegó la mañana. 

En su último intento por organizar su vida encontró no uno, sino a 5 personas dispuestas a superar sus propias estructuras sociales para estar con ella, personas que vieron su verdadero valor más allá de cualquier enfermedad, la vieron más allá de un cuerpo desbordado en sensaciones incontrolables. 
Con el tiempo todo fue controlado, su vida dejó de  andar en caos sin caer en una vida dopada y durmiente. 

Ahora, varios años después de todo esto, me ha contado que está bien, que siguen los mismos 6 participantes viviendo en armonía, que no faltan las peleas y disgustos, pero nunca le han hecho daño ni se lo hacen entre ellos, que es cuidada y protegida; tanto de la vida caótica como de la monotonía. Me dice que ha logrado sobrevivir a su vida misma. 

martes, 18 de noviembre de 2014

Noviembre III

Por esa época vivíamos en la falda de la montaña, cada vez que llovía fuerte los rayos caían tan cerca que no lográbamos salir del shock de la luz para caer en el temblor del estruendo producido por los truenos. Para esa noche estaba solo, con mis valientes 8 años de experiencias, luchaba por que el agua no entrara por ninguna de las ventanas de la casa. No era fácil cuidar una casa de gran tamaño solo, sobre todo cuando no tienes la estatura para alcanzar todas las cosas que necesitas.

Me fui a dormir a eso de las 11 de la noche, la lluvia no cesaba y los rayos me helaban la piel cada tanto, supe que se fue la energía a eso de las doce y me aferré a mi almohada como nunca; era un niño de 8 años solo en una casa desde hace un par de días, las habitaciones vacías  aumentaban el frío de mi cuerpo, lleno de miedo y soledad me quedé dormido.

Lode Tatú de Cat_Butt
Él llegó al tiempo, aún llovía pero no habían rayos, mi cuerpo temblaba del frío y sus manos me acariciaron el rostro, puso una cobija extra sobre mi y con un "descansa" me dejó dormido en mi cuarto. Bajó las escaleras y se sentó frente a su tocadiscos, con el mismo cuidado que me había acariciado tomó un LP de Sui Generis y lo hizo sonar, sentado en el sofá con botella de Whisky en la mano tarareaba una que otra canción mientras que con el ruido propio de una aguja que toca polvo se iba quedando dormido. 

La lluvia cesó, los pájaros cantaban y la luna brilló por las rendijas de la casa, una de ellas alumbraba la botella vacía al lado de un hombre alto, de cejas pobladas y cuerpo dormido, el otro destello de luz de luna caía sobre mis manos, las cuales abrazaban la almohada que hace unos años él había comprado.

Al despertarme, estaba su nota habitual en el comedor, algo de dinero para comprar comida, la botella en la basura, el LP en su estuche y su olor de padre por toda la casa.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Noviembre II

1.

La luz entra entre las persianas, respiro hondo y lento mientras ella mueve su cuerpo desnudo huyendo de la luz, me levanto y veo como las lineas de luz dibujan una nueva forma geométrica entre sus curvas, como si las lineas la abrazaran en medio de las cobijas que sus piernas entrecruzan.

Ella se irá en 3 días.

Caminar por la casa deja algo de nostalgia aún cuando su cuerpo duerme en mi cama, las blusas tiradas en el sofá, sus vasos sucios en el lavaplatos, los zapatos que tanto quiere por el pasillo. 
Entro a la cocina a preparar café, a ella le gusta dulce en extremo mientras siempre lo he tomado negro. Desde la llamada de su padre y la confirmación del nuevo trayecto en su vida, hemos intentado pasar los días juntos, pero las obligaciones de cada unos han llevado a posponer nuestra soledad compartida hasta el día de hoy. 
Salimos de casa caminando con las manos enredadas, las palabras sobran en nuestras miradas y sólo sonreímos. 
Caminamos por calles empedradas donde los autos aparcan creando un río interminable de reflejos metálicos, somos los dos y los dos nos volvemos transeúntes, trashumantes, ignoramos lo que queremos y nos percibimos entre toda la ciudad. Ciudad Solar se vuelve una en nosotros.

Entramos a un bar donde nos atienden un par de ancianos, pedimos el licor local y bebemos con la sed del desierto, hablamos sobre las historias que ambos conocemos, ella es la única mujer que tiene más historias que yo y por eso la amo. 
Caminamos ebrios de nuevo a casa, caminamos las mismas calles empedradas, los callejones de ladrones y putas,  pasamos por los bailaderos de salsa, vallenato, rancheras... pasamos por todos los lados que la ciudad nos ofrece. Somos cuatro pies al ritmo de las luces de la calle mientras los relojes analógicos y de cuerda y de arena nos van confirmando en cada esquina que esa esquina no volverá, que se quedará en nuestra mente como el recuerdo de un camino que hemos trazado y perderemos, que nuestro pasado se edifica con cada anden, árbol, semáforo que vamos dejando atrás mientras nuestra casa está más cerca. 

Llegamos ebrios de calles y ciudades que son esta ciudad, nos desnudamos mientras ella va dejando la blusa en el sofá, los zapatos en el pasillo, pone a hacer café con mucha azúcar y me besa los ojos, como si nunca antes los hubiera visto. Me hace sentir feliz mientras la silueta de sus pantorrillas se pasea por la casa con la propiedad de quién se sabe dueño de todo lo que le rodea, me siento mareado y el café dulce me enfoca en su sonrisa. 
Ella es hermosa, tan hermosa como puede ser una mujer que se ha amado. En la cama como nunca antes nos hemos quedado dormidos sin hacerlo, siento su respiración suave y pausada en mi pecho, mi corazón se sonroja.

2.

No nos levantamos de la cama más que para tomar de su café en extremo dulce, cada vez que nos sentimos tres centímetros lejanos, nos acercamos e intentamos fusionar nuestros poros, coordinar nuestro pulso y expulsar en mismo aire, para proteger el ozono. El calor normal de Ciudad Solar se ha disipado por la lluvia de noviembre, las horas traspasan nuestros cuerpos caídos en deseo y tristeza, como si la partida inminente hiciera más fuerte mi deseo de entrar en ella y no salir, su partida nos excita al punto de no recordar palabra alguna más que las dichas en la cama. 

-¿Sabes que los Pandas se quedan dormidos en cualquier lugar?; Me preguntó mientras mis ojos parpadeaban en su ombligo.
-No, no sabía.
-Sí, a diferencia de nosotros, nunca buscan donde dormir, duermen donde tengan sueño y ya. Es como nosotros dos, que no buscamos a alguien a quién amar, sólo amamos ahí dónde estamos y ya. 

Me quedé dormido.

3.

Me levanta una linea de luz que entra por la persiana, los ojos no quieren abrirse y camino de memoria por la casa. No veo sus zapatos tirados en el pasillo ni la blusa en el sofá, el lavaplatos está limpio y pongo a hacer algo de café. No abro los ojos.
El café está listo, lo lleno de azúcar y me siento a ver la ventana que está abierta, hay un silencio terrible que empieza en mi cama vacía y culmina en el diástole y sístole mudo del corazón. 
Empieza a llover y el calendario marca noviembre en su centro, me acuesto en el sofá y su olor aún está ahí, prendo el televisor y están dando lo único que podría ver en este momento.

Un programa sobre pandas.



martes, 14 de octubre de 2014

Final de la tarde


"La realidad y el amor casi son contradictorios para mí".
(Antes del atardecer)

Se levanta del sofá donde su padre se sentaba a ver televisión en las noches y donde su madre lloraba en las madrugadas. Abrió la puerta y recordó aquella tarde en que su amiga vestida de verde se despidió para no cumplir la promesa de regresar. El sol, el mismo sol que golpea los rostros de los peatones y de los autos que mueven en la calle, uno de ellos lo atropelló de pequeño aunque no lo mató. 

Sus pies se mueven como aquella mañana en la que inspirado se levantó del gateo y salió al portal donde su madre sorprendida entre lágrimas y sonrisas celebraba sus primeros pasos. Se tropezó con una persona algo singular, algo genérica, algo mujer, algo rubia. 

-Disculpe; dijo nuestro protagonista sin sentir culpa alguna.
-No importa; aunque le importaba, dijo ella.

Empezó a correr por la calle como corren los jugadores de los deportes donde toca correr, corrió como delincuente de la ley, como corren los protagonistas de las películas románticas que él nunca ha visto, corrió...

Sentada en el paradero metálico, está la mujer por quién él corre, ella se viste de azul para sobrevivir a los días de lluvia. Aunque hoy el sol ha salido, todos en la ciudad saben que la lluvia llegara antes de la cena. Ella no cree que él logre llegar, pero aún así lo espera como quién espera un beso de su amor, como el niño que espera ser cargado por su madre empeñada en ignorarlo, como la persona solitaria del paradero que espera el abrazo de algún extraño no tan lejano.


Él llega.
Ella sonríe pero no sabe si estar feliz, él se acerca y antes de besarla para poner fin a esta ridícula historia sólo le pide una cosa: Algo real, un poco de realidad en esta vida/ficción, que según él le ha tocado vivir. 

Ella sonríe y ahora sabe que nunca será feliz, lo abraza, se besan y se van.

domingo, 7 de septiembre de 2014

A manera de fútbol

Es domingo y hace un calor infernal desde las 8 de la mañana, hoy juega River y te recuerdo.

Te recuerdo por que la última vez que estuvimos juntos jugaba River contra Rosario y ganó 2-0. Pero eso no lo fue lo importante del día, aunque Teo hizo gol; fue un pase desde el lado izquierdo con la defensa jugada, el arquero no salió y vio como el balón llegaba para ser empujado por la derecha goleadora de nuestro barranquillero cristiano antes bebedor de cuanto licor existía. 
Lo importante de aquel día, fue que lo pasaste conmigo.

Todo empezó como método para matar tu guayabo y mi trasnocho, los cuerpos se juntaron bajo el calor inclemente del verano caleño y jugaron toda la mañana a encontrarse dentro del otro. Luego vino el descanso, el almuerzo dudoso pero satisfactorio, después el segundo tiempo, pero un segundo tiempo con menos prisas que el primero, como si la goleada de éste permitiera disfrutar de cada movimiento, aunque el estado físico empezaba a sacar su cuenta y las piernas no daban para correr, mi cuerpo y el tuyo se jugaban todo por la camiseta que en este caso, eran tus gemidos. 
Ese día sentí que quizás no volverías a mí y así fue, ese día sentí que el River iba a seguir ganando y hasta ahora que le gana al Tigres, así es (aunque no juega Teo).

Varios días después, llegaste con tu sonrisa triste que tan bien conocía, con tus manos delgadas que me conocían. Llegamos al lugar indicado y después de un par de chistes no divertidos me hablaste de la forma más políticamente correcta sobre el modelo a seguir cuando dos personas como nosotros no deben ser más titulares.
Mandaste a la mierda las cosas buenas que teníamos por no ofrecerte las cosas que no sé dar. 

Ahora el River celebra su victoria, yo estoy sobre el mueble donde me intentaste estrangular con tus piernas mientras revivías de placer. Te extraño y creo que este año el River quedará campeón y que nos quedó toda una temporada por follarnos.

Disculpa las metáforas, sé que no te gusta el fútbol.

martes, 2 de septiembre de 2014

2 de octubre

"¡Qué calor tan bravo!" dijo una mujer a mi lado y me despertó. La miré con algo de ira y mucho calor, el viaje era lento caluroso como lo es esta ciudad por estos días desde hace unos 100 años. La mujer no importa.
Salí de la estación y caminaba bajo el sol con las nubes negras prometiendo la lluvia del mes a lo lejos. Frente a mí estaban dos hombres, uno de camisilla de lineas azules con blancas en horizontal, pantaloneta muy corta, parecía de corredor de maratón. A su lado un tipo blanco de 170 centímetros de altura, contextura delgada, las venas brotadas por todo su cuerpo le daban un aire desgastado, los ojos azules grandes, de dedos largos y cejas gruesas. Cuando joven fue guapo...

Lo conocí hace unos 10 años o quizás más, estábamos sentados uno al lado del otro en un colegio católico, una tarde nos tocó hacer un trabajo en grupo para el otro día, así que decidimos ir a la casa de él (haciendo memoria recuerdo que él decidió hacerlo en su casa). Vivía en un barrio decadente, con su forma de ser nunca hubiera creído que vivía en una casa de estructura de metal con fachada en madera. Mis afirmaciones nacen de su forma valiente y sin tapujos de enfrentarse a la vida, siempre estaba dispuesto a defender sus pensamientos hasta el limite de la violencia, nunca fue bien hablado y nunca tuvo un libro en su mano pero siempre estaba dispuesto a lograr todo aquello que atemorizaba al resto.

Hablaba de una construcción y pensé que había logrado salir de su barrio triste y quizás con mucho esfuerzo volverse técnico en obras, después habló de una mujer y pensé que quizás se hubiera enamorado de alguna compañera del estudio y luego de una boda civil discreta estaba viviendo con ella esperando mejores días. Por último habló de un hombre enfermo  y pensé en su padre; un hombre alto y erguido con la mirada azul y triste (valga la redundancia), que conocí esa tarde calurosa de hace 10 o quizás más años. Lo vi enfermo en un hospital pero orgulloso de su hijo. 

Ellos caminaban y no se percataban de mi presencia, mucho menos lograba reconocerme. Los cambios que me ha dado la vida son estructurales, no me asemejo al niño que él conoció. Ya iban unos diez metros de silencio y pensé en seguir mi camino, en dejar a ese hombre delgado a un lado y seguir mi vida, cuando su voz ronca por el cigarrillo que ha fumado en los últimos 10 o quizás más años, habló sobre su hermana; una mujer de pelo castaño, delgada, esbelta y tan alta como su padre.
Antes de poder imaginarme algún final de ensueño escuché sobre sus golpes en la cara por culpa de un esposo alcohólico, escuché sobre un hijo que vive entre llantos y pesadillas, escuché sobre la realidad que ha golpeado a la familia de la casa de madera.

Todo empezó mal, comenzando con el barrio y los pretendientes de la hermana. Ella decidió por un hombre que al parecer era asesino y al final cuando estaba encerrado en una casa abandonada resistiendo el asedio de más de 10 hombres disparando, resultó ser un asesino asesinado. Después vino la tristeza de ser pobre, la frustración de no salir adelante y el suicidio de la madre; todo por culpa de unas pastas que una comadre le recomendó para no sufrir tanto en las noches cuando su hija, decidía salir a buscar un nuevo hombre que la amara. Después vino el padre que no soportó la culpa, echó a la hija y él que era un buen hombre decidió ayudar a su hermana. El padre cayó en el alcoholismo y la hija en manos de un alcohólico, él decidió probar suerte en otro país de donde volvió golpeado.

Para este momento debo decir que estábamos los tres, esperando el cambio de semáforo, me adelanté un poco y caminaba dándoles la espalda.

Después de curarse entró en la ilegalidad y ahí encontró la suerte de no poder hacer un sólo robo, nunca fue capaz o las circunstancias lo evitaron. Terminó trabajando como constructor en la zona sur de la ciudad que cada día se expande más.
Aquí empezó un monologo sobre su vida.

"He conocido muchas cosas, alguna vez tuve la oportunidad de comerme a una negra y una rubia a la vez, escuché a mi sobrino llamarme papá mientras sus padres estaban de fiesta, he conocido el amor de una mujer y vi ponerse el sol sobre el mar ¿Usted sabe lo que se siente ver eso? Esa es la mejor imagen que tengo en mi cabeza, esa imagen me salvó la vida. Pero ahora estoy aquí, muriendo del calor en esta maldita ciudad que nunca ayudó en nada, me encuentro solo y triste, pero no triste como cuando volví de Chile golpeado y lleno de frustraciones, sino triste como la primera noche después de la muerte de mi madre, cuando el silencio que produjo el llanto de mi padre en su cama rompió mi vida. Estoy triste y no veo superarlo, estoy triste y no me veo vivo... Quisiera volver al mar, ver ese atardecer que aún tengo en mi cabeza y después morir..."

Al decir esto voltee a buscar la mirada de su acompañante, pero me encontré con esos ojos azules mirándome fijamente, estábamos solos a sólo unos pasos; la última parte fue hablándome, en algún momento lo supe pero no quise creerlo, él me miraba con una tristeza tan profunda que mi corazón se tiñó de azul y la ciudad de gris y las nubes empezaron a llorar.
Siguió caminando, al pasar por mi lado murmuro una fecha y continuó, mi cuerpo se quedó congelado por un momento mientras las personas corrían a refugiarse de un aguacero que inundó las calles al finalizar la tarde.

Ahora, escribo la fecha en todo lado, esperando buscar un día después de estos números, la historia del cuerpo encontrado en una playa colombiana.



viernes, 27 de junio de 2014

Bogotá

Hace unos días tomé junto a mi sobrino el trabajo de viajar de una ciudad colombiana a otra,  obviando los tramites del vuelo pude apreciar, en mi pequeño familiar lo importante que es tener un poco de niñez en nuestras vidas, él se quedó dormido en plena turbulencia, y creo que de eso se trata ser niño, de poder dormir y descansar aún en medio de la tormenta que se puede convertir nuestra vida.

Llegamos entre la pereza de un nuevo clima y la espera de ver a nuestra guía, mi hermana que ya lleva un tiempo de residente capitalina.  La ciudad en sí, no es de muchos colores, su ubicación geográfica le ha dado una tonalidad gris con beige que sólo lo colorido de los autos enfrenta. El clima me parece un agregado cultural, una mitificación de una realidad que muchos desconocen, sí es fría pero no tanto como muchos creen o esperan. 

Normalmente no salgo mucho, me concentro en leer, en escribir (cosa que he logrado hacer aunque mi blog no lo demuestre), me enfoco reconstruir los hechos que me han traído a la ciudad capital e intento liberarme de las cargas que Ciudad Solar me impone a lo largo de los días. No respondo correos del trabajo y no leo nada relativo a mi carrera; esto último como un intento de hacerme creer que puedo separar mi vida personal de la laboral. Como esta vez vine con mi sobrino, me he puesto a ver esos programas que de niño vi pero con él, le han gustado y eso me hace sentir que sí tengo familia, aún cuando sea 18 años menor que yo.

Bogotá pasa de ser una referencia cultural, un espacio de museos, bibliotecas y archivos históricos para convertirse en un refugio, en un pequeño cascaron donde se me permite respirar un aire contaminado distinto al de Ciudad Solar, mis pulmones se llenan de fuerzas necesarias para volver a las dinámicas sociales que ya se han construido allá, mientras tanto acá no reproduzco nada, me quedo quieto, sin esperar a nadie ni nada, sólo respirando, pensando, sintiendo, liberándome de los dolores de espalda que produce caminar a 32 grados centígrados. 

En Bogotá no soy feliz ni soy triste, en este espacio me libero de esos conceptualismos y como el queso en el chocolate, me dejo llevar por las ráfagas de calor que la tranquilidad me ofrece. 

domingo, 8 de junio de 2014

Habitación 342B

La puerta principal es grande, de metal, me recuerda a los portones de las casas de gentes importantes de la ciudad de hace unos 80 años ya. Entro y a los dos lados sillas metálicas con personas esperando a alguien que salga y les informe de las nuevas noticias. Cada uno de ellos es un caso distinto, es un conjunto de vidas asociadas a su  historia y  memoria personal, yo soy uno de ellos, pero apenas he llegado.

En una recepción me toman una foto, me dan un papel desplegable que dice a quién visito y en qué habitación está. El ascensor no se siente y llego al tercer piso en un par de segundos.
Camino por el camino que me han dicho que debo transitar, paso puestos de enfermeros que en verdad son auxiliares que en verdad son personas que están ahí sustentando una realidad a la que han caído por decisiones que nada tienen que ver conmigo, pero supongo que eso hace parte de ser un humano en este mundo.
Llego a la puerta de la habitación señalada en el papel pegado en mi camisa, ahí dentro está la persona que he venido a buscar, me detengo, respiro profundo y camino.
Es una habitación con dos camillas, son 15 metros cuadrados y en una esquina está una mujer negra de unos 70 años arropada hasta el cuello, junto a ella en una silla recostada está una mujer más joven de quizás unos 50 años dormitando mientras la más anciana respira fuerte entre dormida y despierta.

Al otro lado está la mujer que he venido a buscar, pesando 30 kilos que es lo que pesan sus huesos y sus venas, porque la carne y la sangre ya se han ido agotando de su piel. Dormida, con la boca abierta y una respiración tan pausada y tan tranquila que por un segundo pienso que ha dejado de respirar. En la silla al lado está una mujer de unos 60 años leyendo un periódico, se levanta y me reconoce en seguida, me saluda y pregunta por la parte de mi familia que ella no ha visto. Le digo que estoy ahí para hacer el relevo y que ella puede ir a comer algo abajo, sale y me deja con la anciana de 92 años y 10 meses que duerme tranquila.

Estoy a su lado leyendo cuando su mano marcada por las jeringas que le han sacado sangre me toca, volteo y la saludo, antes de que juegue a reconocerme le comento quién  soy sin entrar en detalles, ella no me recuerda hacer mucho.
Se calma cuando le nombro nombres que aunque ella no asocie con un rostro le suenan conocidos, me pide agua y le sirvo en un vaso un poco de jugo, la ayudo a sentarse y veo como sus brazos no son más que dos delgadas lineas a punto de romperse, siento que le toco el cascaron que las arrugas han creado para evitar que alguien le toque la piel, la siento fría a pesar de que estaba acostada con dos cobijas cubriendo su pequeño cuerpo de quizás unos 1.65 centímetros después de que por allá, hace unos 60 años era de casi 1.80 cm.

Pasan los minutos y me he enfocado en contarle historias de un pasado en común que sólo yo retengo en mi memoria, se lo narro en forma de cuento, de ficción y así logro entretenerla mientras pasa su vista por la televisión y por el periódico que no puede ya leer y por mis ojos que la miran intensamente mientras sigo recreando nuestro pasado. Ella se ríe al final de la historia y siento mi cuerpo liviano. 
Llega una mujer de un metro con 70, de pelo crespo y amplias caderas, es mi familia, es la mujer que a mis 17 meses de vida me dejó caer provocando mi primer hombro dislocado, es la mujer que me cambió pañales por un tiempo y que terminó casada con el peor ejemplo de hombre que puede existir. Ella entra y le habla a la anciana con la confianza y tranquilidad que sólo alguien que fue mimado, consentido, protegido en sus travesuras por esta mujer de pelo blanco y ojos grises puede hacerlo. 
Escucharla me reconforta el alma, una mueca de sonrisa se dibuja en la anciana que hace el trabajo de recordar las tardes de los tres juntos viendo el mundial del 98. Quizás una sonrisa sale de mi rostro y contengo la melancolía que intenta salir por mis ojos, en ese momento estoy feliz.

Son las 4:37 de la tarde de un día cualquiera a mitad del año que trascurre sin pena y sin gloria. El médico entra a la habitación y saluda con cortesía que la anciana le hizo tomar desde aquella vez que ingresó a revisarla sin pedir permiso. Él es prepotente, le faltan unos 6 centímetros para llegar a los 2 metros de altura y sus manos son gigantescas en comparación a las de cualquier persona en el cuarto. La anciana duerme así que considera prudente decirnos la noticia que todos estamos esperando desde hace unos 13 días cuando ella terminó aquí, en una clínica con riesgo de morir.

Nos dice de unos glóbulos rojos en baja que al final lograron controlar, nos dice de unas pruebas cuyo resultado fueron unos pulmones llenos de líquidos que no deberían estar ahí, nos habla de un pedazo de algo que supongo es carne pero él llama tumor, el cual se ha calado entre su pulmón izquierdo y su vida, casi como la puerta que anuncia un desenlace que está ahí para todos, pero que sólo cuando un fantasma en bata de casi dos metros  lo informa, se hace real. Nos habla de pruebas y pruebas para saber el grado de maldad de algo que de por sí, ya es malo. Nos miramos como cuando pequeños nos mirábamos antes de robarle la leche en polvo con azúcar a la abuela y nuestros corazones palpitaban tan fuerte que sentíamos el del otro latir a nuestro lado. Le agradecemos la información y miramos a la anciana que respira pausadamente en una cama de una clínica que nos es tan ajena como la certeza de un cumpleaños más con ella. 

Ya en la noche, después de haber perdido las citas que debí cumplir con aquellas personas que sí hacen parte de mi mundo. Salí caminando pausado de la clínica, la había dejado con un familiar de esos que no se muy bien qué son para mí. Me senté en un anden en medio de la ciudad y después de ver pasar a un niño en una bicicleta con ruedas de apoyo recordé que de las pocas fotos de mi infancia una es afuera de su casa mientras aprendo a montar bicicleta a mis 3 años. 

Sin medir las proporciones de la realidad que me rodea, comienzo a llorar.

jueves, 5 de junio de 2014

Entrada desesperada sobre las mujeres tristes y los hombres que no saben de poesía

Hoy, un hombre que no lee poesía le estaba dedicando un poema de Benedetti leído por el mismo a una mujer que tampoco sabe de poesía, mientras tanto yo leía a un poeta que no es tan bueno como se cree y que me gusta más por despecho que por placer literario.

Hoy, una mujer era enamorada por un poema que no era de quién se enamoraba, leído por alguien de quién no sabía que estaba muerto ya, ni que su nacionalidad era uruguaya. Ella se enamoraba de un hombre real, de cuerpo real, de mirada real, de intenciones reales que se plasmaban en un poema irreal que leía el difunto poeta de nacionalidad sureña.

Hoy una mujer estaba triste y su tristeza tenía el nombre de ella y se reflejaba en la bebida negra que no quería tomar por miedo al insomnio que la dejaría con la tristeza de compañera por lo largo de la noche de este día. Ella está triste y yo busco cómo reconfortarla, no tengo que ver con su tristeza, pero siento que algo debería hacer, quizás no quitarle su tristeza, pero sí ayudar con algo para hacerla más llevadera.
Tampoco intentaría matarla con un poco de alegría porque ese no es mi estilo. Sólo pude leerle un poema que habla sobre la lluvia y la noche y la tristeza, pero en Ciudad Solar no llueve, pero en Ciudad solar sólo hace calor diurno aunque los tercos le llamen noche a las estrellas y la luna en el cielo. Pero no sirve para nada el poema porque el bochorno se apropia de nuestras vidas y las letras que recito a mi teléfono para que le digan a su teléfono que le susurre a su oído que ella no está sola con su tristeza, que estoy acompañándola con un poema de Pessoa y que sí sé quién es Pessoa y que ella sabe quién es Pessoa y que sabemos que está muerto y que sabemos que es portugués y que sabemos dónde queda Portugal. 

Y quiero que ella sepa que yo sé que mi compañía no es querida, que mis poemas no son solicitados y que lo mejor es hacerme a un lado en esta noche caliente/bochornosa de Ciudad Solar donde el sol se disfraza de luna para seguir calentando nuestros cuerpos a la luz de las estrellas. Quiero que ella esté bien, tan bien como el corazón alegre de la mujer que acaba de escuchar un poema de Benedetti recitado por Benedetti pero que no dice nada al igual que  la poesía de Benedetti. Que esté tan esperanzada en que algo bueno llegará como lo está el chico que no sabe de poesía y que para conquistar a la mujer que ama, le proclama poemas por medio de la voz de un poeta que ni tan poeta fue. 

lunes, 2 de junio de 2014

Tres ideas parte 3

3. Del futuro
Hace un rato hablaba con alguien con quién tuve algo por un tiempo, ella era muy buena poniendo nombres a aquello que tuvimos, yo nunca pude nombrar ni a mis mascotas. Hubo un momento en medio del tanto hablar que ella me preguntó sobre mi futuro, si me veía con alguien, quizás enamorado en un presente lejano.

Primero me causó curiosidad tal pregunta, ya que normalmente pienso en el futuro como un espacio vacío, sin color, donde no habita nadie y sólo con los sucesos que van llenando los días monótonos, ese vacío va tomando un color que sólo las consecuencias de mis actos ( y de quienes me rodean) le dan. Para mí, el futuro es una cabellera crespa enredada en donde mi mano está acariciando un cuero cabelludo suave y de rico olor. Para mí, el futuro es mi cabeza.

Pensé después de que quizás el futuro amoroso estaba con quién en cierta forma intento estar ahora, que no la llamaré fracaso amoroso, quizás ella es lo que necesito pero no lo que quiero, quizás sólo estoy esperando que la última persona que quizás apostaría por mí en la vida se quede sin fichas.  Supe que mi futuro amoroso no tiene el nombre de esa mujer y que en lo próximo no tomaré ninguna decisión sobre él, porque cualquier decisión que tome significa que alguien saldrá herido.

Por último, pensé que ella me preguntó para que yo le devolviera la pregunta, así que supe con su respuesta que sale con alguien, que quizás yo sé quién es (aunque no lo conozca), también supe que saber eso me dolió entre el pulmón y el tórax, pero tocaba sonreír y buscar algún chiste. Nos despedimos.

Estando solo pude entender que mi futuro amoroso como el rollo de mi cámara, está sin revelar y por lo que parece, al igual que el rollo de mi cámara, no promete nada bueno.

Tres ideas parte 2

2. Sobre los libros y el amor.
La otra noche estaba esperando el bus que me lleva a casa y al ver que la espera iba a ser prolongada, decidí ponerme a leer la última novela que andaba leyendo, la número 37 del año. Mientras leía y miraba entre páginas si se acercaba el bus, una mujer de quizás unos 25 años se acercó y me preguntó sobre el libro, era alta, de cabello largo, quizás hasta la cintura, castaño y de ojos negros carbón. Le hablé un poco del autor y del contexto de la historia, ella me habló de su último libro leído y como llegó a él después de que su novio la dejó por una mujer más joven. 

No quise entrar en detalles de su vida amorosa, le conté que cada vez que las tristezas me llegan como lluvia en el interior de la casa, me encierro en mi cuarto y leo como loco un libro tras otro. Le conté que llevaba 37 libros este año y ella me dijo que quizás era alguien muy triste. Nos miramos a los ojos y el bus no llegaba.

Después de un momento de silencio, ella me contó que nunca se ha enamorado, yo le dije que vivo enamorado de cada mujer que veo en mi vida, que cada una me enamora de una forma distinta, ya sea con su caminar, con su olor, con su forma de aparecer y ordenar el espacio que la rodea, que no existe mujer que no sea perceptible de ser amada y que yo me siento capaz de amarlas a todas.

Ella dijo que al amarlas a todas, no amaba a ninguna.
Yo sonreí, el bus llegó, nos despedimos.

Tres ideas Parte 1.

1. Las mujeres que se casan con ingenieros
Hace unos días me topé con una mujer que siempre ha manifestado su deseo corporal de pasar una noche o quizás varías conmigo, mientras coqueteábamos de forma sutil y ella se tomaba un capuchino lentamente con sus labios gruesos y rojos, me contaba sobre su matrimonio, sobre lo felizmente casada que ha quedado después de un par de fiascos y un momento de duda sexual que la llevo por los caminos de las lesbianas, sin encontrar en ello el placer que le esperaba en las manos de un hombre de profesión reconocida, de trabajo estable y de buen gusto por los libros, algo así como un protohombre desarrollado, el futuro de la humanidad masculina hecha carne.

En medio de risas y de historias sacadas de historietas de esas que ella sabe hacer, pude ver como a veces su sonrisa se volvía una pequeña mueca de tristeza, le pregunté por esa señal de auxilio que el cuerpo saca sin permiso.
Ella me contó que lo amaba, que él le daba emoción a la vida, que en la cama obtenía el placer que siempre buscó, pero que a pesar de todo lo bueno, cada noche después de que él se dormía, ella salía al balcón de su edificio, miraba las estrellas y de tener el cielo nublado miraba a los insomnes de luces prendidas leyendo en los edificios cercanos o lejanos. Mientras me terminaba un expresso doble me contó  que se sentía sola, aún estando con su mejor compañía, que no sentía un placer completo, que quería salir y huir de lo mejor que le había pasado en su vida, que era infeliz por culpa de algo que habitaba en su felicidad.

Ese día terminamos acostados en un motel cercano a su lugar de trabajo, mientras ella fumaba (ahora fuma), yo pensaba en que todas las mujeres que se casan con un ingeniero terminan suicidándose o enamoradas de hombres como yo, lo cual al final de la noche no es muy diferente.

Nos despedimos, no intercambiamos números, ni direcciones. Después de dar unos pasos me alcanzó y me hizo prometer estar en ese mismo lugar todos los lunes a las 2 de la tarde.


sábado, 31 de mayo de 2014

Noches como la de hoy

Mi sobrino durmiendo tranquilo, una película en el televisor, entra viento por el balcón, descalzo, con una cerveza helada y papitas picantes. En noches como la de hoy, no deseo que la vida termine.

sábado, 24 de mayo de 2014

Cita de citar.

Hoy quiero compartirles un pequeño fragmento de la última novela que me estoy leyendo, es sobre cómo se debe hablar con aquella persona que... bueno ustedes lean y entenderán. 

"Perdone usted, mi estimada dama, pero este es el momento en el que se supone que yo me despida respetuosamente antes de viajar de regreso a Barranquilla o, en el mejor de los casos, a buscar una posada cercana, abrigando en el fondo la esperanza de que usted me diga que no me vaya, que me quede a dormir en el sofá de la salita porque tiene miedo de quedarse sola. Entonces yo, caballero herido en lo más profundo por la indiferencia a la que ha sido sometido, al segundo siguiente insistiré en partir, en parte por orgullo, en parte por despecho, las mismas razones que le impiden a usted ser franca y decirme que su más ardiente deseo es estar conmigo y volver a abrazarme como antes, como cuando acabábamos de conocernos y ninguno de los dos tenía la menor idea del tesoro que luego perdería. ¿Por qué mejor no dejamos a un lado tanto fingimiento y hablamos con franqueza de lo nuestro? Yo sé que ni usted ni yo hemos sido angelitos ni nada parecido, pero por mi parte prometo enmendar la plana haciéndole sentir que no existe en la tierra ser más hermoso y digno de ser amado que usted". 

-Rafael Baena. La bala vendida Página 109-110.

jueves, 22 de mayo de 2014

Remitente

Me siento en la mesa, maquina de escribir lista desde hace un par de 4 semanas, o sea 8 semanas, pero me gusta decir "par" en mis frases.

Busco las palabras que entran por el roto de la cortina del balcón y no encuentro coherencia, voy al cuarto y la persiana me habla de su piel, vuelvo a la maquina y empiezo a escribir.
Le comentó sobre lo nuevo, como la situación de mi abuela, la economía de los otros, el nuevo color del pasto antes verde ahora rosado y la nueva música que se encuentra para encontrarle sentido a la vida.

Le escribo que la vida es lo que pasa entre jaquecas, entre abrazos que ya nadie me da, entre el recuerdo de su sexo en mi cama y en su sofá, entre el dolor de las rodillas de una compañera que no sabe bailar. Que la vida es demasiado corta para no hablarnos nunca más, que nunca es una palabra incoherente y nunca más es contradictorio ¿Cómo podría el nunca ser más si más es el susurro de sus labios a la hora de hacer el amor?
Sí, también le escribí que ahora digo hacer el amor para que piensen que  sólo soy un perdedor.

Termino diciéndole que hoy me he puesto los audífonos y he escuchado a un poeta que no es su favorito, que me senté en una silla a esperarla aunque nunca vendría, que cuando llegó su ausencia la hice escuchar conmigo en silencio un par de poemas, un par de canciones de esas nuevas y compartimos la misma cerveza. Que al final de la noche, para evitar tragedias, me despedí de ella y pasé autopistas con total inconsciencia, que llegué a casa y todo fue igual.

Termino la carta y busco la dirección donde enviarla, encuentro su último mensaje donde me pide que la deje ir. Me acerco al balcón y en forma de barco de papel dejo que la carta navegue sobre las nubes arriba de los edificios que tengo como trinchera. Sé que para vos, ya no existo como remitente.

lunes, 19 de mayo de 2014

Lunes

Estoy sumergido en esos días que con el pasar de los segundos se convierten en palabras que queríamos decir pero olvidamos, estoy inmerso en los días de un hombre nostálgico con alzheimer.

jueves, 8 de mayo de 2014

Mandragora

-¿Sabes qué te quiero mucho?
Me pregunta/afirma mientras sonríe a un pantalla; desde el otro lado, sobre mi sofá, una mueca que camufla insomnios, trabajos, lecturas, historias y uno que otro cuerpo agotado sonríe. 
-Lo sé, le digo sin tener certeza sobre lo que sé.

Se despide y apago la cámara para no seguir viéndola/noviéndola  por medio de un sistema que sólo permite hablarnos entre letras y vernos entre vídeos, porque en lo presencial, lo carnal, según ella nos encontraremos en una posición ¿Posiciones? que comprometen su moral, su buen juicio y especialmente su conciencia enamorada de alguien que no se llama como yo, que viste como yo, que no piensa como yo, pero que como yo se ha encontrado empavonado del barniz de su amor.

Ella no sabe lo agotante que es conversar con ella así, cuando mi piel sabe decir su nombre. Ella no sabe que yo sé lo que ella piensa, lo que ella siente, sólo que me he quedado como un impávido espectador de su gracia de encontrar el amor sin la desgracia de volver a saborear el desazón del dolor que probó conmigo. Porque si algo sé es que conmigo fue feliz y como todas al final infeliz.

Me ahogo en recuerdos y apago el computador, ella respira su olor, su sexo, sus senos, su amor y se acuesta en la cama del otro que no es otra que la cama de ella y duerme, ya es muy tarde para buscar el sexo de su amor y duerme. Yo me levanto y me masturbo con las bragas que dejó la última vez que vino a mi cama a decirme que por el bien de un "él" que desconozco pero que es real, lo mejor era dejar todo en lo ficticio de las cámaras de computador y en los sueños lubricados de cada uno. Son negras, aún a pesar de tantas lubricaciones nocturnas, huelen a Ella.

lunes, 5 de mayo de 2014

Sálvate vos, bloguea mi historia.

Cuando niño, por la historia de mi padre, podía librarme de muchos trabajos en el colegio, casi siempre pasaba las materias sin mucho esfuerzo, además de que siempre fui bueno en ciencias sociales. Mientras crecía supe lo que era manipular, lo que es buscar el punto sensible de las personas y usarlo para lograr que ellos estén de acuerdo conmigo o por lo menos, que se queden tanto como quiero.

Aunque no soy completamente negro, a veces el color de mi piel, el grosor de mis labios o la forma de mi cabello (muchas veces crespo alborotado) llevó a que muchas personas me trataran de forma peyorativa. Esto lo digo no por excusarme, sólo que es algo que tengo presente, tanto como las piernas de Obando, mi profesora de matemáticas en octavo la cual estaba con el vestido hasta la cadera en la oficina del coordinador un día caluroso (para todos, especialmente para ellos).

Desde hace un tiempo cual hippy trasnochado, empecé a buscar elementos que me definieran, o por lo menos que me ayudaran a aclarecer qué de lo que tengo en mi vida es mío y qué fue robado de lubricaciones ajenas conocidas o inventadas a lo largo de mi vida. El resultado hasta el momento no ha sido menos de lo que espero, pero sí más de lo que cualquier ex-pareja creyó posible en mí.

Y por eso es esta entrada, para decirte querido lector que el resultado de los procesos sociales relacionados con mi vida, me han constituido en un individuo que dentro de los parámetros de "bien" y "mal" que tiene mi maestra de yoga se puede llamar un "pasajero afectivo". Esto es para decirte que en mi vida no hay cabida para nadie más allá de un visitante, una persona que viene de paso como lo fue una mujer hace un tiempo, que llegó de Paraguay y me enamoró y se largó con su hermano para otros países. Porque para eso me he constituido, para eso sirvo.

No soy un mal partido (excepto si eres racista), tengo mis defectos como todos y tengo mis cualidades como todos, como quiero. Tiendo a alejarme para no echar y soy mentiroso en la cama... en fin, podría hacer un sólo blog de defectos pero esa no es la idea, la idea aquí es decirte que de ser posible te salves y si me conoces blogues mi historia.

jueves, 1 de mayo de 2014

Jhonny B

Hace unos días tuve la oportunidad de sentarme a tomar un café con una amiga, ella es de esas mujeres que no siempre está ahí, pero cuando aparece tendemos a sentarnos y disfrutar de largas y refrescantes charlas, la oportunidad de poder desahogarnos del mundo que muchas veces nos intenta ahogar con el otro siempre es reconfortante. 

Hablando con ella llegamos a la historia de un chico, una historia que sólo entre los dos se podía construir, a él lo podemos llamar Jhonny B. 

Jhonny era el novio de una chica que podemos llamar N, ellos dos estuvieron juntos un buen tiempo pero al parecer, el amor de Jhonny B por ella nunca fue correspondido, él la amaba o eso creemos, ella en cambio lo tenía como compañía, como una excusa que se presenta a la soledad para evitar sentirse triste en los días de lluvia. En otras palabras, Jhonny B puede ser la personificación de esa pareja que tenemos a nuestro lado para combatir la soledad, como esa persona que estará ahí en el momento que queramos compartir algo con alguien, es una persona por la que se sienten emociones lindas pero ninguna es si quiera parecida al amor.

Jhonny B nunca fue amado por N, eso es algo claro y quizás demasiado fuerte para decir en mi blog, pero es la verdad. Y quizás usted querido lector también tiene un Jhonny B como pareja. Y no sienta que hace mal, a fin de cuentas a veces queremos sentirnos amados y hay personas que se sienten bien compartiendo su amor, eso es lo que permite que existan esas relaciones como la de Jhonny B y  N. 
Claro que al final del cuento, Jhonny B estará triste y N encontrará a alguien más con quién combatir la soledad, pero mientras este tipo de relación existe, Jhonny B es una persona feliz y N es una persona no-sola que a fin de cuentas es lo que busca. 

Si usted es un Jhonny B y no lo ha querido ver, quizás debe recordar algo y es que N, no se enamorará de usted, y que usted, es una compañía valiosa, pero no suficiente para N.
Si usted es una N, sabrá que por más mentiras que se pueda decir, en el fondo no ama a Jhonny B y lo más sano para él es que usted lo deje ir a encontrar a alguien que le corresponda.

lunes, 21 de abril de 2014

Distracciones

Despertarse apagar la alarma, ver la hora y cerrar los ojos con calma. Levantarse buscar toalla entrar a la ducha, abrir el agua fría para despertarse sólo meter el pie izquierdo y preguntarse por qué nunca el derecho y prometerse que el día siguiente será el derecho. Entrar desnudo al agua fría que los huevos se encojan y los ojos se abran. Champú, jabón, limpiarse, cantar y soñar un poco.

Vestirse con lo que sea acorde al día, siempre tener algo azul en la ropa. Desayunar algo ligero y de poco beneficio. Salir al trabajo/estudio con música en la cabeza y para cuando falte alguna estrofa los audífonos y el celular/mp3 que te ayuda con las canciones. Caminar recordando con quienes se caminó antes, las manos pequeñas o grandes o frías o calientes o sudorosas que estuvieron sujetas a tus manos.Buscar  la canción adecuada para cruzar la vía concurrida de autos afanados, cruzar y seguir caminando/cantando/bailando.

Trabajar haciendo lo que sabes hacer pero perdido porque nunca estás seguro sobre lo que haces, trabajar y tratar con jefes con secretarias con horarios que nadie cumple. Fumar un cigarrillo con un compañero que no trabaja contigo pero que con el tiempo se ha vuelto una de las pocas compañías amenas en tu trabajo/estudio, hablar con las amigas que te darían posada si vivieras en la calle, hablar con las amigas que no te darían posada pero sí sexo, no hablar con las mujeres que amas/amaste.

Ver pasar la tarde entre soles y tormentas, entre sonrisas y promesas de sonrisas, entre historias e Historias. Ver la mujer que más se acerca a lo que necesitas. Orinar, beber agua, orinar, fumar, beber agua, orinar, fumar, fumar, fumar, orinar.

Caminar de nuevo a casa, mirar los arboles, sudar el sol de la ciudad, sentir cansancio, sentir agua corriendo por la espalda, seguir escuchando música, llegar, bañarse, limpiarse el sudor, el humo de los autos, las palabras dichas y escuchadas y calladas. Sentarse frente a un pc, pedir perdón por redes sociales, ser cruel por redes sociales, alimentar las redes sociales, mentir sobre tu condición en las redes sociales, escribir en el blog, leer, leer, leer tanto que la realidad se vuelva una pequeña idea pasajera, adentrarse en el mundo de quién es leído y no salir, nunca.

Cerrar el libro o terminarlo, parpadear y ver la hora, caminar al balcón y fumar un cigarrillo de marihuana, ver la ciudad lejana, ver la montaña en la que las luces de los autos muestran como un pequeño pesebre móvil, ver la luna que es la misma luna que todas las personas ven y creer que quizás en la luna estén las respuestas a todo lo que no preguntas, creer que la luna es lo único que tienes en común con los otros, con las lejanías que se materializan en un saludo no dado, en una mirada al suelo. Ver la luna y creer que eres el mismo de antes, el que soñaba la vida sin fechas límites, sin fronteras que te dieran un tiempo determinado para vivir, sientes el viento que crees fue enviado por la luna para consolarte, pero el frío se queda en los huesos, las lágrimas se ahorcan en los ojos, el cigarrillo se acaba y las palabras no bastan, y los pensamientos no bastan, y las acciones no bastan, y las lágrimas no bastan, y las personas no bastan y al final nada es suficiente para sentirte distraído, nada es suficiente para hacerte sentir bien, al final la luna no basta para evitar esa horrible sensación de saber que 4/5 años más de vida suenan  a tristeza profunda de esas que apaga los pulmones y congela el corazón.

Entras del balcón, entras a la cama, abrazas el primer regalo que te dieron y no te duermes, quedas en coma con los ojos cerrados hasta que suena la alarma y de nuevo, despiertas.

viernes, 18 de abril de 2014

Disculpe la molestia, lo dramático y lo incoherente. Chau.


Desde hace un tiempo me he encontrado en una posición bastante incomoda, 
en la que si bien conozco y quiero personas especiales, bellas personas como vos, de una u otra forma me toca que alejarme de esas personas. 


Y sé que a veces no suelo ser claro, es más me acuso de ser demasiado cortes y terminar buscando palabras cómodas para decir verdad y que por esas palabras cómodas la verdad no se dice.

No me gusta mentirle a las personas que quiero pero se vuelve doloroso decirles la verdad sin que salgan lastimados. Usted es un ejemplo de ello, la quiero mujer, y la quiero porque sé que usted es una persona hermosísima de la cual agradezco cada momento que estuvo conmigo. 

Pero también existen otras personas que tienen su hermosura, que las quiero cerca y desde hace un tiempo si quiero que alguna de esas personas esté cerca, tengo que alejarme de las otras. Mire no hablo de noviazgos, porque desde el año pasado no soy novio de nadie y no es mi plan serlo en este momento, sólo quería tener a las personas que quiero cerca, tenerte cerca. Pero entiendo que la idea de que te miento arruina todo. 

Pero también sé que ya no tengo nada que perder, que no hay mañana. No te he mentido sobre ella ni sobre nadie, cuando estuve con vos fue con vos. No te hablo pensando en estar con vos ahora, porque sé que eso no pasará, sólo no quiero que se aleje (aunque ya se alejó).

Soy un acaparador, quiero obtener de todos todo y doy poco por ello. No es justo con usted ni con nadie. No soy un ser coherente y constante, ni siquiera sé si tengo equilibrio emocional, me escondo es una parodia de ego y caprichos que pueden aburrir o entretener a quienes me rodean. A vos no te mentí, pero sí te fallé y por eso acepto su petición de dejarla ir (como si alguna vez hubieras sido mía) aunque no quiera.

Fue bueno estar frente a un pc esperando que te conectaras para chatear de bobadas y escuchar canciones que quizás uno ya conoce pero se hace el sorprendido cuando las envías. Leer uno que otro blog y compartir imágenes de Tumblr. Fue bueno en tanto estuviste ahí, porque en estos 4 días de re-encuentro como siempre diste más de vos que yo a esta relación (de amistad, conocidos o lo que fuera). 

Sé que no volverás a ser esa persona que estuvo ahí, a mi lado, sonriendo. Sé que no doy tranquilidad (ni a usted ni a nadie)…

Mire se le quiere y gracias. 

Si alguna vez sólo quiere hablar conmigo pues como dice la canción yo siempre estaré esperando-te.

jueves, 10 de abril de 2014

Photographia

Ese día el plan era salir juntos y pasar la noche, no toda la noche, pero sí gran parte de ella juntos. Nos negamos la asistencia a bares, cantinas, bailaderos y demás tipo de reuniones donde nuestros ojos se perdieran en otras miradas. Ella no bebía licor por razones que ella conoce y que me compartió por razones que ella conoce. Yo era una fiel sombra al medio día de mi padre, un pequeño consumidor de licor en gran escala que lo ocultaba en las relaciones sociales. Esa noche ella no bebería licor ni yo, así que nos sentamos a hablar con una caja de jugo en la mano.

Ella me contó sobre su  deslealtad y que aún le pesaba un poco. yo le conté sobre mi infidelidad y como sólo lo veía como una experiencia más en la vida, una experiencia a la que sí le daba importancia, hablamos de los chicos que hablaban y bebían en otras sillas del parque, yo miraba a veces distraído a la calle en dónde una costumbre de 2 años me llevo a vivir, a dormir, a hacer de desayuno para una mujer ya mayor y para mí, una costumbre que junto con los muertos, desapareció.

Al final de la noche caminamos por calles llenas de casas llenas de historias llenas de drogas, sexo y salsa, como si esta ciudad fuera una versión tropical de Heroin. La dejé en un taxi y yo me subí al mío, estando dentro le dije al taxista antes de quedarme dormido que a veces las cosas que menos piensas posibles, son las que terminan importando.

Quizás nunca se lo dije, quizás se lo dije pero fue una palabra insulsa más de esas que salen de mi boca, quizás fue una frase dicha en el momento preciso y un segundo después fue sólo una frase del pasado sin importancia porque no debe importar. Pero esa noche ha sido una de las mejores noches que he vivido en mis 23/24 años de vida.

Hace un tiempo no la veo ni ella me ve, hace un tiempo no sé nada de ella. Ella se fue porque yo la eché y no diré más sobre ello. Sólo diré que lo último que supe de ella fue una foto en la que sale en medio de un jolgorio típico de esta ciudad/trópico/calentura en la que convivimos, tenía una botella de licor en la mano bebiéndola hasta terminarla. Recordé de inmediato la frase que le dije al taxista -Frase sacada de una película-, sentí como una cosa tan pequeña  como una foto digital termina importando más que un recuerdo.
Me pareció tan desconocida la persona proyectada ahí, como si fuera un punto medio entre dos mujeres; la primera, la que recuerdo, la segunda. la que es en esa foto.
La tristeza fue sentir que la mujer protagonista de una de las mejores noches de mi vida, murió esa misma noche cuando se despidió de un beso y se subió al taxi.

-En otras noticias: Estoy bien, sólo quiero estar solo, sin licor, sin sexo, sin opiniones ni diálogos con nadie sobre nada, sólo quiero seguir en esta relación con los libros, las películas y una soledad que no incomoda.

jueves, 3 de abril de 2014

Cita, referencia, plagio.

En medio de mi afán inesperado de leer y consumir cuantas historias me permitan las letras, quizás como estrategia para obviar ciertas realidades que no me convencen. He encontrado una frase que en contra de todas mis creencias (me cuesta creer que una frase resuma a una persona) me ha hecho descubrirme en ella, en sus letras.

"...Se enamoraba ligeramente varias veces al año, una tendencia que de tarde en tarde deploraba pero por la que se dejaba llevar regularmente. Sin embargo, no era insensible, y en cuanto notaba que una chica -especialmente una buena chica- le necesitaba más que él a ella, le entraba un terrible sofoco de aprensión. Este pánico generalmente le impulsaba a sugerir una de dos cosas -que la chica se trasladara al piso, o que saliera de su vida- ninguna de las cuales era exactamente lo que él quería."  Julian Barnes.

Quiero compartirlo ya que precisamente ese párrafo describe todas mis relaciones sentimentales hasta el momento. 

lunes, 31 de marzo de 2014

Literatura y mujeres de senos grandes.

En la tarde, mientras llevaba a una mujer algo alta con algo de senos y con algo de trasero, con algo de bella y algo de agradable, algo de inteligente y algo de tonta (en el buen sentido de la palabra), vi pasar un Blanco y Negro de los gigantes ruta 1 que hasta hace unos años pasaban por la avenida frente a la universidad donde estudio y trabajo.
Pero esta entrada no es sobre la nostalgia que producen los transportes fantasmas que ya no habitan esta ciudad. Hoy quiero hablar de "¡Hola Javeriana!" La única mujer a la que en a primer noche que nos conocimos en cuerpo, presencia, mente y alma le terminé murmurando un "te amo" en medio del regocijo que producen sus adentros.

Todo empezó con una discusión donde padre, madre, hermanos y hasta Lucas, el perro del vecino tuvo participación, en la cual la coalición de padre, madre y hermanos logró vencer la postura inamovible de su narrador y de Lucas, el cual con ladridos intentaba justificar lo que sólo un perro podría entender. 
No interesa la razón, sólo importa que la razón inamovible al final de la discusión terminó siendo movida de su lugar de vivienda y encontrándose en la puerta blanca de un barrio de una ciudad llamado Ciudad 2000, el cual como todo lo propio de esta tierra caliente con alma de música empezó a construirse antes de la llegada venidera del nuevo siglo, y fue culminado cuando ya estábamos bien entrados al XXI que nos caracteriza ahora.

Y terminé ahí, en medio de una casa que quedaba un poco a la izquierda en un barrio que quedaba entre un monte salvaje que oculta un cementerio de basura y una vía salvaje que oculta un millón de formas distintas de vidas pasajeras de carros pasajeros. Entonces viviendo ahí, donde un amigo de nombre renombrado me recibió, me tope con ella.

Ella que llamaremos Javeriana por cuestiones de memoria y especialmente porque su nombre nunca importó tanto como su universidad de procedencia. Pelo negro con senos inmensos en los cuales uno bien se podía perder, encontrarla en cada uno de sus poros y pensar en repoblar toda su piel mientras la recorres a besos. No recuerdo nada más de su cuerpo excepto quizás el olor de su coño, el cual por respeto a ella nunca olvidaré. 

La historia aquí, fue que ella se presentó con una botella de algún licor embriagador, hablamos sobre los amores imposibles de cada uno y criticamos los amores del otro, nos vimos como dos fantasmas de historias pasadas, como el resultado de un caminar que nada tenía que ver con el camino que planeamos de pequeños, entendimos que el dolor del corazón nos había hecho el uno para el otro, que eramos el resultado de muchas sumas, restas y divisiones; sólo para tener que vernos, besarnos y multiplicarnos en orgasmos que sólo mi hipotálamo recuerda.

Y así fue mi querida lectora (es que me gusta pensar que quién me lee es mujer), como caímos en las manos del otro y en los cuerpo sentimos las ondas de las caídas constantes, con ella fue que encontré un placer de esos que explotan en tu interior y con cada beso, caricia, mordisco, lamida, mirada, va hallando el camino de salida hasta que los poros hacen erupción y el cuerpo no es suficiente contenedor de las ganas inmensas de poseerse en ella que produce sólo ver sus senos de pie, firmes, activos.

Le dije "te amo" cuando el cuerpo no lograba contener mi alma encerrada en sus piernas.

Al terminar, ella se levantó, fue hasta su maletín y me pasó un libro de Bukowski llamado "Mujeres" y se acostó a mi regazo. Leí el libro en un par de días y al devolvérselo le dije que sabía que nos amábamos y que fue un placer conocerla, ella se subió a una Blanco y Negro ruta 1, sonrió.

Nunca la he vuelto a ver.

Creo que esta entrada narra es la forma como conocí a Bukowski.

martes, 25 de marzo de 2014

Martes en 6 puntos



Primero el clima: Llueve, pero no es una lluvia de esas que asusta a los transeúntes, acelera los pasos de los sin sombrilla y deja su marca en los bordes de las avenidas. Es un lluvia que suena, que canta a lo lejos e ilumina los cuartos oscuros como es mi casa ahora. No hay agua en esta lluvia, hay ruido y una canción de una banda que acabo de descubrir en tumblr.

Segundo el contexto: Estoy sentado en mi cama desnudo, con frío que entra por la ventana sin cerrar y las persianas arriba, hoy descubrí que me da un frío terrible todas las noches cuando camino desde la universidad a la casa, me pongo el gorro para mermar la ola de frío pero aún así mis huesos tiemblan. Siempre canto las mismas canciones porque no recuerdo muchas más (recuerdo muchas que me causan dolor así que las evito).

Tercero lo no interesante: Desde hace tres días tengo una luciérnaga viviendo en mi cuarto, una tristeza con nombre de mujer-es viviendo bajo mi cama y la misma ropa con el mismo olor a ropa limpia pudriéndose en el closet ¿Cuanto tiempo viven las luciérnagas? 

Cuarto la verdad: Extraño todo aquello que por una u otra forma me haga sentir vivo; un coño, un beso, un abrazo, un saludo, mirar a los ojos a alguien que esté vivo, dormir abrazado a algo, canciones que no escucho ya, la sonrisa de una mujer.

Quinto el lado bueno: La Historia me tiene enamorado profundamente. 

Sexto el final: La lluvia, la luciérnaga, el dolor de manos que ya no existe, los poemas, las canciones, padre, madre, hermanos, sobrinos, tías, canciones, himnos de fiestas, senos que me miran desde el balcón de mi oficina todos los días mientras salen a recibir el sol, sacos que me encuentro en sillas rojas y regalo a mujeres amarillas, los barcos de papel que se me pierden en el caminar, el sol que sale y pica, el rock, el licor y los dulces, mi rock, las vaginas de las cuales recuerdo su olor, las vaginas de las que no recuerdo ni su forma, el color de cabello, las ojeras, las bandas nuevas, el indie, su rock, las mujeres gigantes y los molinos diminutos, el trabajo y los monstruos que debo combatir a diario, el agua en los bordes de las calles, las avenidas que debo cruzar todos los días con miedo a que en un ataque de honestidad me quede quieto enfrente de un camión en movimiento, los tatuajes, las aves de su pecho, mi cama, mis cenas, su cama, sus perras, la Historia y mis historias; todas ellas como un resultado de un respirar constante durante los últimos 23 años me hacen sentir que la realidad es algo en lo que me he sumergido sin mojarme, tal como es la lluvia este martes.