Ese día el plan era salir juntos y pasar la noche, no toda la noche, pero sí gran parte de ella juntos. Nos negamos la asistencia a bares, cantinas, bailaderos y demás tipo de reuniones donde nuestros ojos se perdieran en otras miradas. Ella no bebía licor por razones que ella conoce y que me compartió por razones que ella conoce. Yo era una fiel sombra al medio día de mi padre, un pequeño consumidor de licor en gran escala que lo ocultaba en las relaciones sociales. Esa noche ella no bebería licor ni yo, así que nos sentamos a hablar con una caja de jugo en la mano.
Ella me contó sobre su deslealtad y que aún le pesaba un poco. yo le conté sobre mi infidelidad y como sólo lo veía como una experiencia más en la vida, una experiencia a la que sí le daba importancia, hablamos de los chicos que hablaban y bebían en otras sillas del parque, yo miraba a veces distraído a la calle en dónde una costumbre de 2 años me llevo a vivir, a dormir, a hacer de desayuno para una mujer ya mayor y para mí, una costumbre que junto con los muertos, desapareció.
Al final de la noche caminamos por calles llenas de casas llenas de historias llenas de drogas, sexo y salsa, como si esta ciudad fuera una versión tropical de Heroin. La dejé en un taxi y yo me subí al mío, estando dentro le dije al taxista antes de quedarme dormido que a veces las cosas que menos piensas posibles, son las que terminan importando.
Quizás nunca se lo dije, quizás se lo dije pero fue una palabra insulsa más de esas que salen de mi boca, quizás fue una frase dicha en el momento preciso y un segundo después fue sólo una frase del pasado sin importancia porque no debe importar. Pero esa noche ha sido una de las mejores noches que he vivido en mis 23/24 años de vida.
Hace un tiempo no la veo ni ella me ve, hace un tiempo no sé nada de ella. Ella se fue porque yo la eché y no diré más sobre ello. Sólo diré que lo último que supe de ella fue una foto en la que sale en medio de un jolgorio típico de esta ciudad/trópico/calentura en la que convivimos, tenía una botella de licor en la mano bebiéndola hasta terminarla. Recordé de inmediato la frase que le dije al taxista -Frase sacada de una película-, sentí como una cosa tan pequeña como una foto digital termina importando más que un recuerdo.
Me pareció tan desconocida la persona proyectada ahí, como si fuera un punto medio entre dos mujeres; la primera, la que recuerdo, la segunda. la que es en esa foto.
La tristeza fue sentir que la mujer protagonista de una de las mejores noches de mi vida, murió esa misma noche cuando se despidió de un beso y se subió al taxi.
-En otras noticias: Estoy bien, sólo quiero estar solo, sin licor, sin sexo, sin opiniones ni diálogos con nadie sobre nada, sólo quiero seguir en esta relación con los libros, las películas y una soledad que no incomoda.
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