jueves, 22 de mayo de 2014

Remitente

Me siento en la mesa, maquina de escribir lista desde hace un par de 4 semanas, o sea 8 semanas, pero me gusta decir "par" en mis frases.

Busco las palabras que entran por el roto de la cortina del balcón y no encuentro coherencia, voy al cuarto y la persiana me habla de su piel, vuelvo a la maquina y empiezo a escribir.
Le comentó sobre lo nuevo, como la situación de mi abuela, la economía de los otros, el nuevo color del pasto antes verde ahora rosado y la nueva música que se encuentra para encontrarle sentido a la vida.

Le escribo que la vida es lo que pasa entre jaquecas, entre abrazos que ya nadie me da, entre el recuerdo de su sexo en mi cama y en su sofá, entre el dolor de las rodillas de una compañera que no sabe bailar. Que la vida es demasiado corta para no hablarnos nunca más, que nunca es una palabra incoherente y nunca más es contradictorio ¿Cómo podría el nunca ser más si más es el susurro de sus labios a la hora de hacer el amor?
Sí, también le escribí que ahora digo hacer el amor para que piensen que  sólo soy un perdedor.

Termino diciéndole que hoy me he puesto los audífonos y he escuchado a un poeta que no es su favorito, que me senté en una silla a esperarla aunque nunca vendría, que cuando llegó su ausencia la hice escuchar conmigo en silencio un par de poemas, un par de canciones de esas nuevas y compartimos la misma cerveza. Que al final de la noche, para evitar tragedias, me despedí de ella y pasé autopistas con total inconsciencia, que llegué a casa y todo fue igual.

Termino la carta y busco la dirección donde enviarla, encuentro su último mensaje donde me pide que la deje ir. Me acerco al balcón y en forma de barco de papel dejo que la carta navegue sobre las nubes arriba de los edificios que tengo como trinchera. Sé que para vos, ya no existo como remitente.

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