martes, 2 de septiembre de 2014

2 de octubre

"¡Qué calor tan bravo!" dijo una mujer a mi lado y me despertó. La miré con algo de ira y mucho calor, el viaje era lento caluroso como lo es esta ciudad por estos días desde hace unos 100 años. La mujer no importa.
Salí de la estación y caminaba bajo el sol con las nubes negras prometiendo la lluvia del mes a lo lejos. Frente a mí estaban dos hombres, uno de camisilla de lineas azules con blancas en horizontal, pantaloneta muy corta, parecía de corredor de maratón. A su lado un tipo blanco de 170 centímetros de altura, contextura delgada, las venas brotadas por todo su cuerpo le daban un aire desgastado, los ojos azules grandes, de dedos largos y cejas gruesas. Cuando joven fue guapo...

Lo conocí hace unos 10 años o quizás más, estábamos sentados uno al lado del otro en un colegio católico, una tarde nos tocó hacer un trabajo en grupo para el otro día, así que decidimos ir a la casa de él (haciendo memoria recuerdo que él decidió hacerlo en su casa). Vivía en un barrio decadente, con su forma de ser nunca hubiera creído que vivía en una casa de estructura de metal con fachada en madera. Mis afirmaciones nacen de su forma valiente y sin tapujos de enfrentarse a la vida, siempre estaba dispuesto a defender sus pensamientos hasta el limite de la violencia, nunca fue bien hablado y nunca tuvo un libro en su mano pero siempre estaba dispuesto a lograr todo aquello que atemorizaba al resto.

Hablaba de una construcción y pensé que había logrado salir de su barrio triste y quizás con mucho esfuerzo volverse técnico en obras, después habló de una mujer y pensé que quizás se hubiera enamorado de alguna compañera del estudio y luego de una boda civil discreta estaba viviendo con ella esperando mejores días. Por último habló de un hombre enfermo  y pensé en su padre; un hombre alto y erguido con la mirada azul y triste (valga la redundancia), que conocí esa tarde calurosa de hace 10 o quizás más años. Lo vi enfermo en un hospital pero orgulloso de su hijo. 

Ellos caminaban y no se percataban de mi presencia, mucho menos lograba reconocerme. Los cambios que me ha dado la vida son estructurales, no me asemejo al niño que él conoció. Ya iban unos diez metros de silencio y pensé en seguir mi camino, en dejar a ese hombre delgado a un lado y seguir mi vida, cuando su voz ronca por el cigarrillo que ha fumado en los últimos 10 o quizás más años, habló sobre su hermana; una mujer de pelo castaño, delgada, esbelta y tan alta como su padre.
Antes de poder imaginarme algún final de ensueño escuché sobre sus golpes en la cara por culpa de un esposo alcohólico, escuché sobre un hijo que vive entre llantos y pesadillas, escuché sobre la realidad que ha golpeado a la familia de la casa de madera.

Todo empezó mal, comenzando con el barrio y los pretendientes de la hermana. Ella decidió por un hombre que al parecer era asesino y al final cuando estaba encerrado en una casa abandonada resistiendo el asedio de más de 10 hombres disparando, resultó ser un asesino asesinado. Después vino la tristeza de ser pobre, la frustración de no salir adelante y el suicidio de la madre; todo por culpa de unas pastas que una comadre le recomendó para no sufrir tanto en las noches cuando su hija, decidía salir a buscar un nuevo hombre que la amara. Después vino el padre que no soportó la culpa, echó a la hija y él que era un buen hombre decidió ayudar a su hermana. El padre cayó en el alcoholismo y la hija en manos de un alcohólico, él decidió probar suerte en otro país de donde volvió golpeado.

Para este momento debo decir que estábamos los tres, esperando el cambio de semáforo, me adelanté un poco y caminaba dándoles la espalda.

Después de curarse entró en la ilegalidad y ahí encontró la suerte de no poder hacer un sólo robo, nunca fue capaz o las circunstancias lo evitaron. Terminó trabajando como constructor en la zona sur de la ciudad que cada día se expande más.
Aquí empezó un monologo sobre su vida.

"He conocido muchas cosas, alguna vez tuve la oportunidad de comerme a una negra y una rubia a la vez, escuché a mi sobrino llamarme papá mientras sus padres estaban de fiesta, he conocido el amor de una mujer y vi ponerse el sol sobre el mar ¿Usted sabe lo que se siente ver eso? Esa es la mejor imagen que tengo en mi cabeza, esa imagen me salvó la vida. Pero ahora estoy aquí, muriendo del calor en esta maldita ciudad que nunca ayudó en nada, me encuentro solo y triste, pero no triste como cuando volví de Chile golpeado y lleno de frustraciones, sino triste como la primera noche después de la muerte de mi madre, cuando el silencio que produjo el llanto de mi padre en su cama rompió mi vida. Estoy triste y no veo superarlo, estoy triste y no me veo vivo... Quisiera volver al mar, ver ese atardecer que aún tengo en mi cabeza y después morir..."

Al decir esto voltee a buscar la mirada de su acompañante, pero me encontré con esos ojos azules mirándome fijamente, estábamos solos a sólo unos pasos; la última parte fue hablándome, en algún momento lo supe pero no quise creerlo, él me miraba con una tristeza tan profunda que mi corazón se tiñó de azul y la ciudad de gris y las nubes empezaron a llorar.
Siguió caminando, al pasar por mi lado murmuro una fecha y continuó, mi cuerpo se quedó congelado por un momento mientras las personas corrían a refugiarse de un aguacero que inundó las calles al finalizar la tarde.

Ahora, escribo la fecha en todo lado, esperando buscar un día después de estos números, la historia del cuerpo encontrado en una playa colombiana.



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