Hace unos días tomé junto a mi sobrino el trabajo de viajar de una ciudad colombiana a otra, obviando los tramites del vuelo pude apreciar, en mi pequeño familiar lo importante que es tener un poco de niñez en nuestras vidas, él se quedó dormido en plena turbulencia, y creo que de eso se trata ser niño, de poder dormir y descansar aún en medio de la tormenta que se puede convertir nuestra vida.
Llegamos entre la pereza de un nuevo clima y la espera de ver a nuestra guía, mi hermana que ya lleva un tiempo de residente capitalina. La ciudad en sí, no es de muchos colores, su ubicación geográfica le ha dado una tonalidad gris con beige que sólo lo colorido de los autos enfrenta. El clima me parece un agregado cultural, una mitificación de una realidad que muchos desconocen, sí es fría pero no tanto como muchos creen o esperan.
Normalmente no salgo mucho, me concentro en leer, en escribir (cosa que he logrado hacer aunque mi blog no lo demuestre), me enfoco reconstruir los hechos que me han traído a la ciudad capital e intento liberarme de las cargas que Ciudad Solar me impone a lo largo de los días. No respondo correos del trabajo y no leo nada relativo a mi carrera; esto último como un intento de hacerme creer que puedo separar mi vida personal de la laboral. Como esta vez vine con mi sobrino, me he puesto a ver esos programas que de niño vi pero con él, le han gustado y eso me hace sentir que sí tengo familia, aún cuando sea 18 años menor que yo.
Bogotá pasa de ser una referencia cultural, un espacio de museos, bibliotecas y archivos históricos para convertirse en un refugio, en un pequeño cascaron donde se me permite respirar un aire contaminado distinto al de Ciudad Solar, mis pulmones se llenan de fuerzas necesarias para volver a las dinámicas sociales que ya se han construido allá, mientras tanto acá no reproduzco nada, me quedo quieto, sin esperar a nadie ni nada, sólo respirando, pensando, sintiendo, liberándome de los dolores de espalda que produce caminar a 32 grados centígrados.
En Bogotá no soy feliz ni soy triste, en este espacio me libero de esos conceptualismos y como el queso en el chocolate, me dejo llevar por las ráfagas de calor que la tranquilidad me ofrece.
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