martes, 14 de octubre de 2014

Final de la tarde


"La realidad y el amor casi son contradictorios para mí".
(Antes del atardecer)

Se levanta del sofá donde su padre se sentaba a ver televisión en las noches y donde su madre lloraba en las madrugadas. Abrió la puerta y recordó aquella tarde en que su amiga vestida de verde se despidió para no cumplir la promesa de regresar. El sol, el mismo sol que golpea los rostros de los peatones y de los autos que mueven en la calle, uno de ellos lo atropelló de pequeño aunque no lo mató. 

Sus pies se mueven como aquella mañana en la que inspirado se levantó del gateo y salió al portal donde su madre sorprendida entre lágrimas y sonrisas celebraba sus primeros pasos. Se tropezó con una persona algo singular, algo genérica, algo mujer, algo rubia. 

-Disculpe; dijo nuestro protagonista sin sentir culpa alguna.
-No importa; aunque le importaba, dijo ella.

Empezó a correr por la calle como corren los jugadores de los deportes donde toca correr, corrió como delincuente de la ley, como corren los protagonistas de las películas románticas que él nunca ha visto, corrió...

Sentada en el paradero metálico, está la mujer por quién él corre, ella se viste de azul para sobrevivir a los días de lluvia. Aunque hoy el sol ha salido, todos en la ciudad saben que la lluvia llegara antes de la cena. Ella no cree que él logre llegar, pero aún así lo espera como quién espera un beso de su amor, como el niño que espera ser cargado por su madre empeñada en ignorarlo, como la persona solitaria del paradero que espera el abrazo de algún extraño no tan lejano.


Él llega.
Ella sonríe pero no sabe si estar feliz, él se acerca y antes de besarla para poner fin a esta ridícula historia sólo le pide una cosa: Algo real, un poco de realidad en esta vida/ficción, que según él le ha tocado vivir. 

Ella sonríe y ahora sabe que nunca será feliz, lo abraza, se besan y se van.

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