miércoles, 12 de noviembre de 2014

Noviembre II

1.

La luz entra entre las persianas, respiro hondo y lento mientras ella mueve su cuerpo desnudo huyendo de la luz, me levanto y veo como las lineas de luz dibujan una nueva forma geométrica entre sus curvas, como si las lineas la abrazaran en medio de las cobijas que sus piernas entrecruzan.

Ella se irá en 3 días.

Caminar por la casa deja algo de nostalgia aún cuando su cuerpo duerme en mi cama, las blusas tiradas en el sofá, sus vasos sucios en el lavaplatos, los zapatos que tanto quiere por el pasillo. 
Entro a la cocina a preparar café, a ella le gusta dulce en extremo mientras siempre lo he tomado negro. Desde la llamada de su padre y la confirmación del nuevo trayecto en su vida, hemos intentado pasar los días juntos, pero las obligaciones de cada unos han llevado a posponer nuestra soledad compartida hasta el día de hoy. 
Salimos de casa caminando con las manos enredadas, las palabras sobran en nuestras miradas y sólo sonreímos. 
Caminamos por calles empedradas donde los autos aparcan creando un río interminable de reflejos metálicos, somos los dos y los dos nos volvemos transeúntes, trashumantes, ignoramos lo que queremos y nos percibimos entre toda la ciudad. Ciudad Solar se vuelve una en nosotros.

Entramos a un bar donde nos atienden un par de ancianos, pedimos el licor local y bebemos con la sed del desierto, hablamos sobre las historias que ambos conocemos, ella es la única mujer que tiene más historias que yo y por eso la amo. 
Caminamos ebrios de nuevo a casa, caminamos las mismas calles empedradas, los callejones de ladrones y putas,  pasamos por los bailaderos de salsa, vallenato, rancheras... pasamos por todos los lados que la ciudad nos ofrece. Somos cuatro pies al ritmo de las luces de la calle mientras los relojes analógicos y de cuerda y de arena nos van confirmando en cada esquina que esa esquina no volverá, que se quedará en nuestra mente como el recuerdo de un camino que hemos trazado y perderemos, que nuestro pasado se edifica con cada anden, árbol, semáforo que vamos dejando atrás mientras nuestra casa está más cerca. 

Llegamos ebrios de calles y ciudades que son esta ciudad, nos desnudamos mientras ella va dejando la blusa en el sofá, los zapatos en el pasillo, pone a hacer café con mucha azúcar y me besa los ojos, como si nunca antes los hubiera visto. Me hace sentir feliz mientras la silueta de sus pantorrillas se pasea por la casa con la propiedad de quién se sabe dueño de todo lo que le rodea, me siento mareado y el café dulce me enfoca en su sonrisa. 
Ella es hermosa, tan hermosa como puede ser una mujer que se ha amado. En la cama como nunca antes nos hemos quedado dormidos sin hacerlo, siento su respiración suave y pausada en mi pecho, mi corazón se sonroja.

2.

No nos levantamos de la cama más que para tomar de su café en extremo dulce, cada vez que nos sentimos tres centímetros lejanos, nos acercamos e intentamos fusionar nuestros poros, coordinar nuestro pulso y expulsar en mismo aire, para proteger el ozono. El calor normal de Ciudad Solar se ha disipado por la lluvia de noviembre, las horas traspasan nuestros cuerpos caídos en deseo y tristeza, como si la partida inminente hiciera más fuerte mi deseo de entrar en ella y no salir, su partida nos excita al punto de no recordar palabra alguna más que las dichas en la cama. 

-¿Sabes que los Pandas se quedan dormidos en cualquier lugar?; Me preguntó mientras mis ojos parpadeaban en su ombligo.
-No, no sabía.
-Sí, a diferencia de nosotros, nunca buscan donde dormir, duermen donde tengan sueño y ya. Es como nosotros dos, que no buscamos a alguien a quién amar, sólo amamos ahí dónde estamos y ya. 

Me quedé dormido.

3.

Me levanta una linea de luz que entra por la persiana, los ojos no quieren abrirse y camino de memoria por la casa. No veo sus zapatos tirados en el pasillo ni la blusa en el sofá, el lavaplatos está limpio y pongo a hacer algo de café. No abro los ojos.
El café está listo, lo lleno de azúcar y me siento a ver la ventana que está abierta, hay un silencio terrible que empieza en mi cama vacía y culmina en el diástole y sístole mudo del corazón. 
Empieza a llover y el calendario marca noviembre en su centro, me acuesto en el sofá y su olor aún está ahí, prendo el televisor y están dando lo único que podría ver en este momento.

Un programa sobre pandas.



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