jueves, 30 de abril de 2015

Saber

Se levantó de la cama a eso de las tres de la madrugada, era la quinta vez en la semana que lo hacía. Me hice el dormido por quinta vez, evitando ser participe de su insomnio.
Caminaba hasta la cocina, tomaba un vaso con agua y luego, en el balcón, lloraba.
Yo, para ella, dormía, para mí, hacía que dormía, pero no como el acto de estar dormido, sino con el acto de dormir cualquier sentimiento que sus lágrimas de madrugada me pudiesen despertar.
Ya no la amaba, no me preocupaba su bienestar, sólo fingimos cortésmente nuestro desamor.

En las mañanas, ella duraba quince minutos más en el baño, así era desde hace poco más de un mes, decía, que era por tener que lavarse el cabello, el cual, según ella, crecía más rápido cuando estaba conmigo. Yo, que ya no era tan joven para creer en todo lo que dice una mujer, sabía que duraba quince minutos más, esperando el resultado de pruebas de embarazo que intentaba ocultar en la basura. Yo, que aún no era tan viejo para inventar todo lo que una mujer oculta, sabía que tenía un retraso, de quizás dos meses, pero a su vez, tenía un resultado negativo cada mañana.
Quizás, mientras estaba en el toilet sentada pensando en el qué hacer con el positivo, pensaba en abandonarme, en irse a otro lugar y empezar de nuevo con su hijo, o quizás en proponerme un nuevo comienzo, un olvido de lo que somos y seremos.
Cinco minutos después, no pasaba nada, las lineas daban un NO y las lágrimas de alegría y tristeza rodaban de nuevo.
Siempre me pregunte de dónde sacaba tantas lágrimas.

En las noches, al llegar de trabajar, ella siempre estaba en la sala viendo algo en la televisión, algo que variaba cada día, como si cada canal representara un estado de animo de ella.

Pero hoy, al llegar, ella no estaba en la sala y el televisor estaba apagado, caminé a la habitación y la encontré acostada, boca arriba, con las muñecas abiertas en linea vertical y ensangrentada, con el vientre abierto y la sangre goteando desde la cama. Desde la mañana, el resultado dio positivo. 

Nunca lo supe.  


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