Hoy, un hombre que no lee poesía le estaba dedicando un poema de Benedetti leído por el mismo a una mujer que tampoco sabe de poesía, mientras tanto yo leía a un poeta que no es tan bueno como se cree y que me gusta más por despecho que por placer literario.
Hoy, una mujer era enamorada por un poema que no era de quién se enamoraba, leído por alguien de quién no sabía que estaba muerto ya, ni que su nacionalidad era uruguaya. Ella se enamoraba de un hombre real, de cuerpo real, de mirada real, de intenciones reales que se plasmaban en un poema irreal que leía el difunto poeta de nacionalidad sureña.
Hoy una mujer estaba triste y su tristeza tenía el nombre de ella y se reflejaba en la bebida negra que no quería tomar por miedo al insomnio que la dejaría con la tristeza de compañera por lo largo de la noche de este día. Ella está triste y yo busco cómo reconfortarla, no tengo que ver con su tristeza, pero siento que algo debería hacer, quizás no quitarle su tristeza, pero sí ayudar con algo para hacerla más llevadera.
Tampoco intentaría matarla con un poco de alegría porque ese no es mi estilo. Sólo pude leerle un poema que habla sobre la lluvia y la noche y la tristeza, pero en Ciudad Solar no llueve, pero en Ciudad solar sólo hace calor diurno aunque los tercos le llamen noche a las estrellas y la luna en el cielo. Pero no sirve para nada el poema porque el bochorno se apropia de nuestras vidas y las letras que recito a mi teléfono para que le digan a su teléfono que le susurre a su oído que ella no está sola con su tristeza, que estoy acompañándola con un poema de Pessoa y que sí sé quién es Pessoa y que ella sabe quién es Pessoa y que sabemos que está muerto y que sabemos que es portugués y que sabemos dónde queda Portugal.
Y quiero que ella sepa que yo sé que mi compañía no es querida, que mis poemas no son solicitados y que lo mejor es hacerme a un lado en esta noche caliente/bochornosa de Ciudad Solar donde el sol se disfraza de luna para seguir calentando nuestros cuerpos a la luz de las estrellas. Quiero que ella esté bien, tan bien como el corazón alegre de la mujer que acaba de escuchar un poema de Benedetti recitado por Benedetti pero que no dice nada al igual que la poesía de Benedetti. Que esté tan esperanzada en que algo bueno llegará como lo está el chico que no sabe de poesía y que para conquistar a la mujer que ama, le proclama poemas por medio de la voz de un poeta que ni tan poeta fue.
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